… o sobre cómo tropezar mil veces con la misma piedra.
esta semana le he dicho que no. que paso de conducir tres horas y perder la mañana para echar un polvo, porque no me compensa. tengo que estudiar.
no quiero moralinas sobre la conveniencia de lo que nunca debió empezar, porque lo de Humbert no es moral por ninguno de sus lados. para empezar. os he escuchado a todos, pero seré yo quien tome la decisión sobre cuándo se acaba, leñe.
últimamente me he empezado a cansar, a veces me aburro de que la cosa no evolucione. tonterías no más, porque sé que no va a evolucionar. pero quien no sueñe nunca con castillos, carrozas y perdices, que me lo cuente.
me habla de romanticismo, luces, caricias, desayunos… y yo no soy de piedra. pero luego no hay nada de eso. porque él no puede, su vida no le permite disponibilidad. [no sé si lo habría de contar él con la disponibilidad, pero dadas las circunstancias nos vale la excusa. quiero creérmelo, pardiez. porque aún sirve].
la dinámica es: llego a su casa, nos acostamos y nos vamos. sin zumos ni rosas ni ná. apenas charlamos, porque no hay tiempo. eso, sumado a que su ducha no es mi ducha y no me termino de encontrar a gusto. pues eso, que empiezo a pensar que no me compensa. esa es la idea. básicamente. puede que vuelva a caer, no lo niego… qué coño, voy a volver a caer. pero quizás es el principio del fin. quién lo sabe.
